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Tenemos Educación Sexual…

Tenemos Educación Sexual…
Autor: 
Cecilia Alfaro Quesada

Contrario a lo que se cree, la sociedad guatemalteca educa a sus nuevas generaciones de la manera en que las personas adultas viven su sexualidad: basada en ignorancia, prejuicios, creencias y la doble moral que en gran parte es religiosa gracias a que se niega la sexualidad en público y se practica, con mucho de violencia, en privado. “El silencio sobre la sexualidad es el que deja indefensos a los niños y niñas ante los abusos sexuales que en la mayoría de los casos son infringidos por adultos del entorno familiar.” (CLADEM, 2010)

Todas las personas recibimos educación sexual en forma implícita. Nos educan las actitudes, los gestos, palabras, silencios, castigos, el trato, la violencia que vivimos en nuestras familias, comunidades y la sociedad, lo que vemos en los medios de comunicación, en las instituciones, en las redes sociales. Es ese “aprendizaje” sobre sexualidad con el que actuamos en la vida, desde que nacemos hasta la muerte. Al ser la sexualidad biopsicosocial, incluye dimensiones como la construcción social de género, los vínculos afectivos, emociones, el erotismo, además de lo biológico. Tiene que ver con los afectos, es constitutiva de la identidad, incide en las decisiones de vida sobre compromisos, maternidad y paternidad, relaciones, pero también en la expresión de la líbido y la forma que vivimos el placer… la sexualidad está en el centro del ser. Una educación que no aborde la sexualidad explícitamente, forma una humanidad cercenada.

Es esa educación sexual implícita, tácita, la que está vigente en Guatemala; gracias a la cual se viven inadmisibles situaciones que lesionan los derechos de las personas tales como la violencia sexual contra niñas y niños o la persistente homofobia. Sin embargo,  considerar la sexualidad en la formación de los procesos educativos va más allá de prevenir infecciones de transmisión sexual, VIH, embarazos o violencia sexual, que por supuesto no es poca cosa.

La educación en sexualidad es una acción profundamente política. Aprender con base en información sustentada en evidencia científica, sin prejuicios, estereotipos, tabúes ni violencia, permite vivirla plenamente en todas sus dimensiones, como parte inherente del desarrollo personal y social. Sobre todo “empodera” a la persona, le permite posicionarse ante la vida y ejercer sus derechos, conocerse y apropiarse de su identidad, dar sentido a su existencia.

Por ello, la educación integral en sexualidad es un derecho esencial para el ejercicio pleno de la participación, la ciudadanía y la construcción de una sociedad plural que pretenda vivir en democracia, a partir del reconocimiento de su diversidad. Especialmente importante por las enormes restricciones y violencia que ejerce el sistema patriarcal en contra de las mujeres y de lo femenino, pero también contra la diversidad sexual, los derechos de la niñez y las juventudes. 

No obstante, implementar un proceso educativo de esta naturaleza, requiere -como condición- una sociedad abierta y efectivamente democrática, con una institucionalidad educativa centrada en los derechos de la población y su desarrollo integral, con la capacidad de formar y formarse en todos los temas y evolucionar hacia el respeto a la condición humana, sin distinción.

¿Tenemos esto? Existe un camino recorrido, de múltiples experiencias en diferentes contextos socioculturales en el país, con población de diferentes edades, profesiones, orígenes étnicos. A la fecha, el tema puede causar polémica e incluso incomodar pero, sobre todo, ha causado un enorme interés y emociones encontradas por no ser un tema resuelto. 

Es un enorme error querer “saltar del ombligo a las rodillas”, como si los genitales no existieran o negar la emoción desatada, el pulso trepidante, el corazón latir ante un simple roce; no querer ver las violencias y opresiones entre las parejas producto de la formación de género, la enorme confusión que el desconocimiento de todo esto nos provoca. Error más grande aún pretender que niñas, niños, adolescentes, jóvenes y los propios adultos no sabemos sobre sexualidad, cuando hemos vivido con ella toda nuestra vida.